SAGUNTO MANIFIESTO


LA DEMOLICIÓN ES UN ATAQUE A LA INDEPENDENCIA Y A LA LIBERTAD DEL MUNDO DE LA CULTURA. Una obra artística puede gustar o no, pero llevarla a los tribunales de justicia sienta un precedente preocupante que afecta a la libertad de la que debe gozar la cultura. La confrontación política no puede invadir el espacio creativo que debe a toda costa preservar su autonomía. La creación artística debe permanecer al margen de la batalla política porque, en caso contrario, resulta herida de muerte.
LA DEMOLICIÓN ES UN ACTO DE VENGANZA POLÍTICA QUE NO TIENE NADA QUE VER CON EL DEBATE ARQUITECTÓNICO. La rehabilitación del Teatro ha sido usada como arma política y convertida en fenómeno mediático creando una falsa polémica al margen de su valor arquitectónico. Así se explica que haya llegado a los tribunales y haya protagonizado tantos titulares mientras goza de gran prestigio internacional y se estudia en universidades de toda Europa. Fue aprobada por la Generalitat valenciana en los 80, entonces gobernada por el PSPV-PSOE. El PP valenciano en la oposición hizo bandera contra el proyecto así como determinados sectores de la prensa que han cultivado la polémica durante ¡más de 20 años! El litigio judicial fue iniciado por un ex diputado autonómico del PP en 1993. Lamentablemente se ha utilizado el producto de la reflexión estética para la ventaja política.
LA DEMOLICIÓN ES UN DERROCHE Y VA EN PERJUICIO DE LOS CIUDADANOS Y DE LAS ARTES ESCÉNICAS. Priva a los ciudadanos, sobre todo a los saguntinos, de un espacio que ya está funcionando y alberga iniciativas culturales como el festival Sagunt a Escena dotando de vida cultural y económica a la ciudad y a la sociedad en general. Supone el cierre de otro espacio escénico. Su coste superará con mucho los seis millones de euros que pagaremos los ciudadanos y que no se aplicarán a otras partidas muchísimo más necesarias como por ejemplo la conclusión de esta consolidada instalación cultural.
LA DEMOLICIÓN ES UNA MUESTRA DE COBARDÍA INTELECTUAL. Durante siglos las ruinas del Teatro han sufrido modificaciones de todo tipo sin rigor científico. Las diversas intervenciones, en su mayor parte reconstrucciones sin fundamento, habían afectado a gran parte del teatro cuando se llevó a cabo esta restauración. La rehabilitación se apoyó en exhaustivos estudios arqueológicos y fue aprobada por las administraciones competentes. Ahora figura en numerosas guías de arquitectura internacionales y fue finalista de los prestigiosos premios europeos Mies van der Rohe. Se trataba de una fina exploración de los límites de la intervención arquitectónica sobre la ruina, superando la lectura romántica del monumento.
Teniendo en cuenta la cantidad de obras ilegales que perduran impasibles, sin ser demolidas, se debería contemplar algún tipo de medida contra la “reversión” del Teatro y ante todo DEJAR CONSTANCIA DE QUE LOS PROFESIONALES DEL MUNDO DE LA CULTURA Y LAS ARTES ESTAMOS FRONTALMENTE OPUESTOS A ESTA DEMOLICIÓN.
[Si quieres sumarte a este manifiesto puedes enviar un correo con tu nombre completo, DNI y profesión a esta dirección: manifiestoteatrosagunt@gmail.com]

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Sagunto

Menuda la que se ha montado con el Teatro Romano de Sagunto. Ahora va el Tribunal Supremo y obliga a revertir las obras en un plazo máximo de 18 meses. Como si eso fuera tan fácil. Los arquitectos Manuel Portaceli y Giorgio Grassi, ambos autores de la rehabilitación del teatro, no salen de su asombro, y aunque no comparten esta decisión, han anunciado que acatarán la sentencia y devolverán el teatro a su estado original.
La polémica intervención abarca la recuperación del frente de escena y parte de las gradas, que habían desaparecido en su totalidad, y la adecuación de los restos existentes [fruto de numerosos añadidos posteriores de finales del XIX y principios del XX], para un uso público y cultural. Lo cierto es que eliminando el frente escénico se despoja a este espacio de su verdadera esencia. Con su reversión se pervierte el sentido de este espacio escénico, que con peor o mejor acierto supieron reconocer los arquitectos en su obra, pero que en cualquier caso, es fruto de una profunda reflexión y un meticuloso estudio de las ruinas existentes y de otros ejemplos de teatros similares.
Parece una tontería, pero el hecho de que el teatro careciera de frente escénico y la singularidad de que estuviera construido aprovechando la ladera de una montaña, puede hacer pensar a incautos y despistados de que en realidad se trata de un teatro griego, ya que estos dos elementos son los que diferencian a ambos espacios escénicos.
Por otro lado, no se puede justificar el derribo del frente escénico proyectado por los arquitectos, atendiendo a criterios estéticos, cuando el 90 por cien de las ruinas previas a la intervención no eran originales.
Por tanto, en ningún caso la obra de Grassi-Protaceli desvirtúa el monumento como apuntan algunos, sino al revés, lo depura y le da sentido a este singular espacio escénico de la época romana.
Otra cosa es si se podría haber hecho de una u otra forma, pero en todo caso, esta era la más adecuada para Portaceli y Grassi y por tanto se ha de respetar su decisión, abalada en su momento por el gobierno autonómico.
Aún recuerdo la que le llovió a Rafael Moneo con la ampliación del Prado.

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